En el trabajo: ¿Agregas el valor o … ? (Tú sabes)

Si has leído este blog por algún tiempo sabrás que me encantan las búsquedas continuas. La exploración de mí misma, la profundización de las relaciones interpersonales, la M-Cab y todo eso me llenan de energía y me hacen revalorar el papel del trabajo en la existencia. Al menos en la mía y – conste que por elección propia – en la de mis clientes, receptores de coaching y lectores de este blog.

(Advertencia: si odias “buscarle tres pies al gato” y prefieres “ir por donde te lleve el viento” puedes dejar este escrito. Te aburrirá horrores y esa no es mi intención.)

Pues hoy por hoy, la pesquisa tiene que ver con cómo agregar valor en el trabajo. Día con día me lo pregunto: ¿Qué valor agrego en este caso? ¿Porqué el hecho de que yo esté aquí, con mis conocimientos y puntos de vista, con mis habilidades y energía, es distinto a que estuviera alguien más? ¿Qué hará este proyecto más provechoso? ¿Qué puedo aportar que nos permite un verdadero avance como equipo, organización, sociedad? No siempre son preguntas fáciles de responder, pero una y otra vez me invitan a poner toda mi atención en cómo puedo hacerlo mejor. No solamente ayudan a sentirse más significativo, sino que dan a quien se las pregunta la tarea de explorar nuevas soluciones y aportaciones productivas.

Además, lo alternativa me disgusta bastante. Me imagino haciendo lo mínimo indispensable (o me recuerdo cuando alguna vez he estado así) y me aburro sólo de pensarlo. Nunca he sido feliz dejando las cosas como son. Inclusive las que son muy buenas. Sí, las disfruto por supuesto y soy firme partidaria de disfrutar los logros y de fluir con lo que hay. Mas nada hay mejor que esa chispa naciendo en tu interior que pregunta: ¿Cómo puedo contribuir más?

Cada vez las organizaciones hablan más del tema de agregar valor. Empecemos por qué significa para ti. Realiza un inventario de todas las formas en que agregas valor a tu trabajo. Recuerda que agregar valor se tiene que interpretar en términos del otro, con relación a lo que ese otro persigue. Agrego valor a otra persona cuando lo apoyo en acercarse a lo que quiere. Agregas valor a la organización cuando acercas la meta esperada o construyes la posibilidad de superarla, de revisitarla y afinarla. Así que… ¡Piensa rápido! Escribe tres formas en que agregas valor a tu trabajo cada día. Quizas eres el visionario del grupo o el experto más astuto o el que pregunta lo que nadie más ha observado. Encuentra las formas en que usar tus talentos naturales suma o multiplica.

¡Ese es el valor que agregas!

Ahora observa si queda más valor por agregar. Si tienes el valor (o te vale, como dicen unos anuncios Mexicanos) a la mano día con día en tu trabajo. Porque si no, estás quedándote corto y tanto tú como el trabajo se pierden de algo muy bueno. Todo trabajo es un intercambio de valor y hablaremos más de eso en artículos futuros. Asegúrate de cumplir y exceder tu parte del trato. El beneficio no es únicamente para tus colaboradores o clientes, es también para ti mismo. Te sentirás sin duda más pleno, más energizado, más libre de actuar conforme más valor agregues a tu cometido de cada día.

Mónica Diaz es Directora General de Quídam Global, una organización con más de 20 años en la creación de cultura sana en las organizaciones y desarrollo de talento. Su modelo de Coaching Q ha servido a ejecutivos, directores, gerentes, coaches, profesores y personas de muy distintos ámbitos para crear capacidades de acción que les permiten cambios permanentes y evolutivos. Esta es UNA de las muchas sorpresas que tenemos para 2012. Si eres un nuevo gerente o un gerente experimentado enfrentando un cambio de responsabilidad,  ¡Felicidades por la Gerencia! ¿Y ahora qué? es un programa justo para ti.  Si estás en Twitter, puedes seguirnos en el tweet de Quídam o el de Mónica Diaz , o bien en nuestra página de Facebook.

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Generosidad y los Negocios.

El lunes dejé mis impresiones grabadas para un webinar sobre el tema (y gracias a quienes acudieron en vivo que agregaron MUCHO valor a mis ideas).  En esta ocasión, se complicó la agenda y fue necesario grabar con anterioridad la sesión. Con las maravillas de la tecnología, grabé una parte en la comodidad de la oficina y una sección más en mi teléfono mientras esperaba el inicio de un evento en el que participaría. Allá en una esquinita del auditorio me retiré para estar a solas con mis ideas y grabar sin ruido. ¡Cuál no sería mi sorpresa cuando al terminar la grabación y enviarla a Raúl Irabién para agregarla al material anterior, se me acercó una de mis colegas ponentes en el evento para felicitarme por el tema! Me comentó que le apasionaba y que no había escuchado antes esta perspectiva.

La generosidad no debiera ser una conversación ajena al mundo de los negocios. No debiera ser ajena a ninguna actividad humana. Porque es ésta la que permite abrir posibilidades, compartir lo aprendido, crecer juntos. ¿Cómo podemos construir colaboración sin ella? ¿Qué significaría un verdadero servicio al cliente sin ella? ¿Qué se puede hacer por impactar al mercado o al mundo sin ella? Al centro de un trabajo con propósito está un acto de profunda generosidad.

Lo que tú agregas al mundo, lo que tu empresa contribuye a la sociedad, es necesario darlo con generosidad. Y no me refiero a que lo regales. Ser generoso es – paradójicamente – independiente de lo que cobres por tu producto o servicio. Tiene que ver con una actitud que tomas ante el dar. ¿Lo ves solamente como una transacción o sientes un compromiso con quien recibe tu producto o servicio? ¿Está orgulloso de lo que haces? Entonces, requiere de cierta generosidad entregar lo que te han pedido.

Para mi, la generosidad es central a los buenos negocios porque:

Te reta a siempre saber cuál es tu contribución real. Ser generoso requiere de alguna riqueza previa, ya que no se puede dar lo que no se tiene. Más que sacrificio, se necesita que quien provee el producto o servicio esté dispuesto a enriquecerlo al máximo antes de entregarlo a quien lo compra. Piensa en el restaurant que cuidadosamente emplata la comida más sencilla. Piensa en el acomodador de autos que te sonríe y te desea un buen día. Y contrástalo con las personas que atienden al público con cara de aburridos, que parecen “hacerle un favor” a regañadientes a quien intercambia dinero por su servicio. El que te paguen por hacer algo no elimina el que puedas hacerlo generosamente.

Genera reacciones en otros. Las organizaciones que se muestran generosas construyen la posibilidad de fidelidad y de apertura en sus clientes y proveedores. La verdadera generosidad es contagiosa y siempre regresa a ti. Cuando las cosas se entregan sin esperar algo concreto a cambio, las sorpresas no se hacen esperar mucho. No solamente es la generosidad placentera en sí misma, sino que generar posibilidades más allá de la simple transacción.

Genera reacciones en tu propia gente. La práctica cotidiana de la generosidad en los negocios nos hace concientes de lo que tenemos en abundancia. Lo que no podemos ser capaces de dar generosamente, nos falta. Sería necesario acrecentarlo en nuestro interior si queremos poder entregarlo a otro. Por ejemplo, si no somos capaces de ser amables con los clientes, es muy probable que nos falte afinar como nos tratamos unos a otros dentro de la organización, o cómo nos tomamos en cuenta, o cómo entendemos lo que es nuestra misión como organización.  ¿No nos interesa satisfacer al cliente, por más que esté escrito en la misión? Lo más probable es que no nos sentimos satisfechos con lo que hacemos o cómo lo hacemos. Fomentar la generosidad y observar dónde se expresa nos puede ayudar a entendernos.

Es una ventaja competitiva. Nadie puede ser generoso de la misma manera que otro. Cuando la generosidad es auténtica y nos dedicamos a ver cómo podemos expresarla, esa misma generosidad nos hace únicos. Cualquier organización que libera la generosidad de su gente y apoya iniciativas de extenderla a otros descubrirá que crea una identidad propia e inimitable.

Y ustedes, ¿qué opinan? ¿Tiene un lugar la generosidad en los negocios? ¿Cuál es?

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