6 Tips de los expertos para disfrutar más tu trabajo

The Q Faculty es el equipo de facilitadores, coaches e instructores de clase mundial con formación en los modelos de trabajo de Quídam Global. Hoy comparten contigo sus mejores consejos para hacer de tu trabajo una experiencia más agradable.

Young businessman working on his laptop

Hay quien dice que “el trabajo hace tanto daño que hasta pagan por hacerlo” y es un hecho que a todos nos encantaría decir que trabajamos en lo que más nos gusta. A veces, cuando no estamos conscientes de nuestra autodeterminación, creemos que el contexto o las presiones económicas nos orillan a aceptar trabajos que distan de nuestra pasión. Incluso para las personas que declaran hacer lo que les gusta hay algunos deberes o tareas que resultan aburridas, repetitivas o poco interesantes. Ya sea que sientas que estás en el lugar correcto o no, te presentamos algunos tips que creemos te pueden ayudar a disfrutar más de tu trabajo.

1. Mantente presente. Disfrutar del trabajo está íntimamente ligado a estar plenamente en lo que estás haciendo, buscando agregar valor al momento. Cuando somos generosos con los demás y damos lo mejor de nosotros mismos es más fácil mantener el enfoque. Llevar una lista de actividades que te recuerde dónde estás con respecto al objetivo último que te hayas planteado te ayudará no sólo a evitar distracciones sino también a darle sentido de avance a lo que haces.

2. Conecta. Busca conexiones entre las actividades que llevas a cabo en el trabajo y lo que valoras o te gusta. Habla de lo que te gusta con tus compañeros de trabajo, así ellos te buscarán si hay un proyecto que esté relacionado. ¿Con qué o quién te gustaría que te conectara tu trabajo hoy para que fuera un excelente día? También puedes ayudar a otros a encontrar sus conexiones. ¿Qué puedes contar de ti que haga que otros tengan un día mejor o que puedan hacer mejor su trabajo? ¿Qué conociste de ti ayer que hoy puedes aplicar y compartir?

3. Celebra. Al final de la jornada realiza un ritual que te recuerde que diste lo mejor. Mañana traerá su propio afán y problemas, pero hoy hay que festejar lo que resolviste, lo que aprendiste y el esfuerzo que pusiste durante el día.

4. Sorpréndete. Descubre algo. Las rutinas llegan no sólo a aburrir, también matan el espíritu de logro. Para disfrutar más del trabajo hay que hacer cosas que nos representen un reto y un aprendizaje continuo. Busca diferentes formas de hacer las cosas, modifica tu espacio y explora otras posibilidades.

5. No temas decir “NO”. Se vale. Hay cosas que cumplir y hacer. Si dejamos que cualquiera nos saque del plan, nunca lograremos nada.

6. Dale un sentido de trascendencia. Haz las cosas para un fin mayor a lo estrictamente material. Aquellas actividades que resultan tediosas puedes relacionarlas con una meta más grande, manteniendo el enfoque en lo que quieres lograr al final. Al buscar el fin último de lo que haces te darás cuenta que contribuyes no sólo a tu organización o tus metas personales, sino también a la sociedad y a futuras generaciones. Si alguien más es beneficiado por lo que haces, tu trabajo enriquecerá y transformará al mundo.

Al final del día podemos pensar en nuestro trabajo como una inversión en la bolsa de valores, habrá altas y bajas pero lo importante será que al final obtengas dividendos.


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Con la colaboración de: Eduardo Valero, Arturo Zúñiga, Mónica Díaz, Victor Gaber, Indalecio Rodríguez, Mónica Lloret, Bertha Alba y Verónica Norman.


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Cuanto una empresa se equivoca.

Ayer estuve en el Sanborns de Satélite en una junta de trabajo y pedí uno de los desayunos que están en promoción actualmente. Sonaba como un buen desayuno mexicano después de una semana de comer puras delicias nórdicas.  La Señorita nos atendió muy amablemente y trajo los platillos rápido, sirviendo a la vez la mesa de junto (con una familia de 4) y la nuestra, con tres comensales. Así que – antes de hablar de negocios – nos dedicamos todos a devorar los deliciosos platillos. De pronto, la mesera regresa y me dice que si estaba bien mi platillo. Pues sí, estaba bien, ya había comido la mitad para ese momento. Cuando de pronto llegué al fatídico tamal. Se veía riquísimo (razón por la cual lo dejé al último) pero en efecto estaba he-la-do, como de refrió o recién sacado del congelador. Sabia, por supuesto, muy feo y no se podía comer. Así que vi a la capitana, que venía pasando y le indiqué que mi tamal estaba muy frío y que hace un momento me preguntaron pero todo iba bien antes de ello. :)

Me dijo que le apenaba mucho y que con gusto me cambiarían el platillo por el que quisiera. Pues ya habiendo disfrutado de lo demás, le dije que todo iba bien hasta el tamal y que incluso, me gustaría terminar con lo demás en lo que me traían otro. A lo cual accedió gustosa y se fue a la mesa siguiente, donde el papá de aquella familia le dijo que los cuatro habían recibido tamales fríos y por más que les ofreció nuevos platillos solamente quiso regañarla y escalar el problema hasta que le ofreció que abandonara el lugar si deseaba y que los platillos no era necesario que los pagara, por lo que se levantó enojadísimo con toda la familia y se fue.

Yo, por mi parte, disfruté del resto de mi comida, de un tamal calientito que me trajeron después y de un platito de frijoles charros que me regalaron. Nada mal. Y la comida de negocios procedió con mucho éxito.

Me quedé pensando en aquella familia y en el hecho de que ninguna organización, por mucho que se esmere en serlo, es perfecta en el servicio. De hecho, desde que leí The Pumpkin Plan, uso como criterio de clasificación de clientes cómo reaccionan cuando algo no les gusta. Al hacer proyectos cada vez más grandes y ambiciosos con ellos tenemos que saber que, aun cuando ponemos alto el nivel de excelencia, lidiamos con procesos humanos que pueden ser distintos a lo esperado por nuestros clientes. Los clientes A de Quídam, reaccionan a las fallas siendo abiertos, diciéndonos lo que no les gustó y con la expectativa de que juntos, lo solucionaremos para el resto del proyecto. Los clientes que a la primera de cambios amenazan con cancelarlo todo, despotrican y hablan mal del proyecto y solamente quieren quejarse, no alcanzan la clasificación A por más que su proyecto sea grande. ¿Porqué?

Porque la experiencia nos ha mostrado que el esfuerzo que supone quedar siempre bien con ellos nos hará entregarles menos de lo que podemos. El temor al error nunca invita a la superación continua, a la innovación y a al excelencia, solamente a la entrega mediocre y ajustada a lo que creemos que el cliente quiere. Solamente el cliente que tiene altos estándares y reacciona esperando que los cumplamos logra obtener el máximo beneficio de nuestros servicios. Y es a ellos que nos debemos en cuerpo y alma.

¿Qué opinan? No es lo mismo un cliente latoso que uno exigente. Uno crítico que uno interesado en que les demos lo mejor. ¿Tú cómo los distingues? y como cliente, ¿te habrás perdido de alguno que otro tamalito delicioso?

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